Buena Alumna

Hacia mucho calor, y yo, en lugar de estar como todas las chicas de mi edad: en la playa, tuve que encerrarme a estudiar.

Era un día de esos que hacia demasiado calor y la humedad hacía que se sintiera muy pesado. La casa de Laura, la profesora, quedaba cerca de la mía y fui caminando a pesar del calor. Cuando llegué me estaba esperando con un vaso de limonada y enseguida fuimos a la sala con el aire acondicionado. Los primeros quince minutos estuvimos hablando un poco de los objetivos, de la cantidad de horas que le íbamos a dedicar a las materias y todas esas cosas que se hablan antes de comenzar. Mientras hablábamos, Laura también sintió sed y se sirvió un vaso de limonada; cuando se levantó a buscarlo no pude evitar ver que no llevaba sujetador y que el efecto del aire acondicionado se comenzaba a notar a través de su camiseta. Se me iban los ojos, no podía dejar de mirarla, hasta que sentó nuevamente enfrente de mí y tuve que hacer un gran esfuerzo porque ya era evidente que mis miradas iban en dirección a sus pezones en punta.
Seguimos hablando un rato más, y luego comenzamos con algunos ejercicios, que como eran de los que estudié a principio de año, los manejaba bien y me pude lucir bastante con Laura.


Mientras yo los hacia, ella se paró detrás mío para ver como escribía y eso me puso un poco nerviosa, pero intenté mostrarme indiferente. Yo estaba muy concentrada, que no me di cuenta que Laura se fue acercando y en un momento la tenia respirando en mi cuello. Sorprendida, giré mi cabeza y vi que estaba con sus ojos en mi hoja, así que le pedí ayuda para terminar el ejercicio. Apoyó una mano en la mesa y la otra en el respaldo de mi silla, pero se inclinó tanto que dejo que sus pechos rozaran con mi hombro. Me estremecí. Ella me hablaba, pero yo no atendía a lo que decía, estaba pensando solamente en sus pechos y lo firme que se sentían, en las ganas de tocarlos que me invadían, en lo rico que sería comerlos allí mismo. De repente silencio. Laura había interrumpido su explicación, y cuando salí de mis pensamientos me di cuenta que tenia sus pechos en mis manos. Ella no se movió, así que yo seguí en mi tarea. Se sentían mejor de lo que me imaginaba. Le quité la camiseta y comencé a besarle los pechos y a lamer sus pezones. La oía gemir y eso me excitaba aun más. De alguna manera acabamos en el sillón y cuando se sentó metí una mano dentro de su pantalón. Estaba tan mojada la muy perra que había humedecido sus braguitas. Le desabroche el pantalón y bajé con mi boca hasta su coño. Tenía el coñito más dulce que jamás había probado y estaba solo para mi. Mientras estaba arrodillada junto al sillón dándole placer a mi profesora comencé a tocarme. Ella no paraba de gemir y en un momento levanté la vista y vi el reflejo de nuestros movimientos en el ventanal del salón, eso excitó tanto que me corrí. Segundos más tarde el próximo alumno tocó el timbre. Laura se levantó, se vistió y mientras se arreglaba el pelo me dijo: “Se terminó la hora, deja el dinero sobre la mesa”. Y así lo hice.
No hace falta que les diga que continué con las “clases”; no aprendí mucho, pero fueron los polvos más memorables de mi vida. Ya les contaré más adelante.

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