Caricias durante el después

Pocas cosas son más bellas que un cuerpo de mujer; más si la mujer es hermosa.

Es difícil entrar al jardín secreto de una mujer. No basta con hacer lo correcto o darle atenciones. Es algo más complejo. Las mujeres queremos ser apreciadas y valoradas en nuestro amor propio.

El mejor momento para acariciar el orgullo de toda chica es después de un buen orgasmo. Sus defensas han bajado. Está rendida ante su proveedor de placer. Ese es el mejor momento para entrar en su interior; cuando ella misma te ha abierto la puerta. Por eso es tan importante para nosotras el después. Hablar, acariciarnos, besarnos o solo compartir el silencio. Esas son las cosas que harán salir lo mejor de toda mujer.

Las caricias y los besos son el lenguaje del amor. Esas cosas dicen en silencio lo que la boca no es capaz de decir con palabras.

Imaginemos la siguiente escena: estamos dos mujeres desnudas en la cama. Acabamos de darnos placer mutuamente y ahora estamos tumbadas; una boca arriba y yo (la otra mujer) de costado; viendo a la que está acostada; admirando su belleza. Le tomo un mechón de su pelo y lo acaricio. Siento como se escurre entre mis dedos; mientras su recorrido acaricia mi mano.

Me acerco y la beso en la frente. Ella me ve tiernamente a los ojos. Paso mi mano por su cara, desde su frente; bajando por sus sienes y luego por sus mejillas. Acaricio su boca en silencio. No se escucha nada; solo las respiraciones. Mis manos hablan por mi. Le dicen cuanto me gusta su rostro.

 Monto mi pierna sobre ella y le acaricio las piernas con mis muslos. Mi mano toma un seno y mis dedos lo recorren en círculos, lentamente. Luego paseo el dorso de mi mano por su barriga. La recorro entera; desde la parte baja de su esternón hasta su pubis. Le aprieto ligeramente las costillas y vuelvo a recorrer sus costados con mi mano completa.

Me acerco y la beso dulcemente en la boca. Ella abre los ojos; despertando del dulce adormecimiento que le produjeron mis caricias.

Ella no lo dice con palabras; pero su sonrisa y sus ojos me piden más. Yo quiero complacerla y ya no seguiré contándoles a ustedes. Ya será en otra ocasión.

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