Confesiones de una Ninfómana Reprimida

Necesito tener sexo a todas horas, no paro de masturbarme y jamás me encuentro satisfecha.

confesiones de una ninfomana

ninfomanaAun así, tengo la conciencia tranquila porque por el momento no me he permitido salir a la calle a follar con el primero que se cruce por mi camino, como un intento de reprimirme, me limito a masturbarme constantemente.

Me despierto excitada y con las sabanas mojadas, todos mis sueños son sexuales y en ellos me follan varios hombres a la vez: por la boca, por el coño, por el culo; corriéndose todos al unísono sobre mi cara y obligándome a tragar toda la leche que me den. Al despertarme lo único que quiero es meterme algo bien gordo por el coño, casi siempre es un tubo de desodorante, que es lo que tengo más a la mano en la mesilla chica. No tardo nada en correrme, pero para mi no es suficiente, nunca lo es.

Cuando sé que no voy a poder continuar así mi día, hago una visita a los servicios de la empresa donde trabajo, y pensando en cuánto me excitan mis compañeros de oficina, me masturbo sentada en el water, metiéndome dos o tres dedos imaginando que me están enterrando la polla hasta el fondo y cuando ya no puedo más me corro allí mismo.

Mi apetito sexual es insaciable, pero no tengo pareja estable, mayormente tengo que apañármelas solita. Lo único que me queda intacto es la dignidad y lucho todos los días por conservarla porque me cuesta la vida reprimir mis instintos y aguantarme las ganas que tengo de salir y follarme a varios tíos en una misma noche; aún sabiendo que tampoco quedaría satisfecha.

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El problema más grave no es masturbarme, por el contrario, es un alivio; sino que lo que me perturba es no poder parar y querer siempre más. Hace poco más de dos meses, compulsivamente compré infinidad de juguetes con los que hacer más entretenidas mis sesiones masturbatorias, y hasta he conseguido una máquina de follar (esos aparatos que en lugar de vibrar simulan la penetración adentro-afuera).

masturbacion Mis fantasías son lo que, por ahora, me mantienen a raya; pero al mismo tiempo son mi perdición porque aun no las controlo y me vienen en todos sitios. En la casa de una amiga, por ejemplo, me excité tanto de ver a su marido en cueros que tuve que ir a masturbarme al servicio, e imaginándome que era él el que me metía la polla, me punteé el culo el tubo dentífrico mientras regaba el suelo con mi eyaculación.

Por mucho que intento en reprimirme, no soy capaz de contener mis fantasías ni el impulso de masturbarme. Y aunque sé que mi condición de ninfomana reprimida no me permite tener una pareja estable, no puedo evitar la necesidad de pajearme para obtener un orgasmo y otro y otro…


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