Consoladores Dobles

“Consolador” es una palabra bastante despectiva para llamar a un aliado que más que consolar, nos llena de placer.

consolador doble

Se ha podido comprobar que el uso de consoladores se remonta a los antiguos egipcios, quienes los fabricaban de materiales muy rústicos, pero por supuesto, se utilizaban como ayuda a la masturbación. Ya en estos últimos años, la industria de consoladores (o dildos) los hace con materiales más dóciles e higiénicos, como por ejemplo: látex, plástico, gel, silicona y hasta vidrio. El mercado esta lleno de distintos tipos de consoladores, pero por sobre todas las cosas, lo que podemos observar es que también los hay para diferentes usos.

consolador doble amarillo

Los más populares entre las lesbianas son los consoladores dobles. La finalidad de este juguete amatorio es penetrar a cada integrante de la pareja simultáneamente, y provocar que los movimientos ondulantes de cada una, repercutan en la penetración de la otra. De esta clase de consoladores los podemos encontrar varios modelos. Los hay totalmente lisos y aerodinámicos, estriados, rígidos y flexibles. También los podemos encontrar con los extremos asimétricos, y así poder disfrutar tanto de una penetración lisa y por el otro extremo, estriada.
Los más novedosos son los que pueden utilizarse en forma independiente como consoladores simples, pero que a la vez se pueden unir y ser utilizados como consoladores dobles. consolador rojo
Podemos encontrar consoladores de doble extremo con variadas posiciones, pero el nuevo formato de estos juguetes de penetración doble son los consoladores vertebrados. Estos tienen un interior articulado que permite darle la posición deseada a cada uno de los extremos y mantener esta posición para la mejor satisfacción.
Como veras estos juguetes van más allá del consuelo, para proporcionarnos momentos de éxtasis, y pueden ser empleados en un sin fin de situaciones eróticas que no tienen que ver con ser consoladas, sino con dar y recibir placer. A probarlos todos! Que realmente merecen la pena.

 

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