Dos prostitutas y yo

Ya les he dicho un poco como soy. Soy una lesbiana agresiva. Me gusta salir a ligar. En eso me parezco mucho a los hombres.

No pasaron cinco minutos cuando dos chicas se sentaron una a cada lado mio. La más lanzada me saludó con dos besos y se presentó: “Soy Marta” –dijo-. La otra chica, con actitud un poco tímida, solo dijo: “yo soy Cartier”.

Marta me dijo: “nosotras somos pareja ¿Quieres estar con nosotras? Nos devoramos en la cama”. Cartier comentó; viendo de reojo a su compañera con un poco de recelo: “si, nos devoramos”. “Acabo de llegar. Voy a tomar un trago” -respondí-. “Entonces te acompañamos a tomar algo” -dijo Marta decididamente-. “Si; invítanos a una copa” –dijo Cartier con voz entrecortada-.

La actitud de Cartier me llamó la atención y en seguida deduje que ella estaba debutando y que Marta la estaba instruyendo. Así que probablemente no eran lesbianas; sino maestra y pupila. Me animé a averiguarlo. Pedimos copas para las tres y charlamos un poco.

Marta me pareció muy lanzada. Me atraía mucho más la actitud reservada de Cartier. Marta debió haber notado mi interés; porque dijo que regresaría en un momento, se levantó y se fue. Mientras caminaba; Cartier la miraba con cara de ruego. Su expresión decía: “no me dejes sola”.

Sentí a mi acompañante un poco nerviosa y percibí el ánimo depredador despertándose dentro de mi. “Eres tan bella como una joya, Cartier ¿es por eso tu nombre?”. La chica se echó un poco hacia atrás y miró hacia los lados; buscando a su maestra. “Tu amiga ya vendrá” –le dije con voz maternal para tranquilizarla-.

Quedamos un rato en silencio y le pregunté: ¿es tu primer día aquí, verdad?. Ella respondió tímidamente; bajando la mirada: “Si”. “Ya lo sabía” –dije yo-.

–  No tienes que quedarte conmigo. Puedes ir con otra persona, si lo deseas.

–  Estoy bien. Esperaré a mi amiga aquí contigo.

–  Pues entonces seamos amigas y charlemos.

Logré calmar a Cartier, y Marta volvió a sentarse con nosotras. Cuando volvió le dije que sí se mantenía la oferta que me había hecho cuando llegué. “Por supuesto. Pero debes pagar por las dos” -respondió ella muy animada-. “No hay problema” -Dije yo-. Y nos dispusimos a pasar al privado.

Cuando llegamos a la habitación, Cartier estaba asustada. Les propuse que hicieran lo suyo, mientras yo las veía. Marta, se acercó y la besó de una manera que me pareció grotesca y ella reaccionó con un poco de repulsión. Supuse que también era la primera vez de esa chica con otra mujer.

Me acerqué a Cartier, la tomé de la mano y se la arrebaté ligeramente a la otra chica; la llevé a la cama y le serví una copa de champagne. “Mejor charlamos como amigas” –le dije-.

Marta se sintió desubicada y se sirvió una copa. Nos sentamos las tres en la cama y era evidente que Marta había quedado en un papel, algo incómodo, de lámpara.

Cuando sentí a Cartier más relajada; le tomé la mano y la besé tiernamente. Sus ojos brillaron y logré recostarla de las almohadas junto a mi.

Le acaricié el cabello y la besé en profundidad. Ella se dejó llevar. Metí mi mano por debajo de su sujetador y tembló. Bajé mi boca y besé sus pechos. Ella suspiró. Le quité el sujetador y me comí sus tetas con ardor.

Cuando la sentí entregada; bajé a quitarle la braga y comerle el coño. Mientras me acercaba a su chocho; vi de reojo a Marta masturbándose.

Cartier estaba hecha para el placer. Se corrió intensamente y gritó. Yo invité a Marta a hacerme (seguramente con más destreza que mi adorable debutante) lo mismo que había hecho yo a su compañera. No puedo negar que la zorra estaba bien instruida. Le compensé yo masturbándole hasta que se corrió.

 Quise dar a Cartier una lección de nuestras prácticas comunes, y nos colocamos Marta y yo para hacer unas tijeras. Yo puse mi cara en el regazo de mi aprendiz; mientras la otra monitora hacía una excelente demostración de sus dotes conmigo. Volví a hacerle el cunnilingus a la novata; mientras me ocupaba de la experta, y terminamos las tres en explosiones sucesivas; empezando por Marta; siguió Cartier y por último yo.

Se acabó nuestro tiempo y tuvimos que dejar la habitación. Salimos y nos despedimos. Hasta ahora no he vuelto a verlas. Algún día volveré a ese sitio. Espero encontrarlas de nuevo.

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