Follar en el Campo

Desde hace tiempo tengo fantasías de sexo en el campo, quiero ser penetrada por un hombre bien duro, un hombre curtido, fuerte, que sepa someterme.

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follar en el campoCreo que mi fantasía es consecuencia de que siempre he sido una niña muy consentida y ya de mayorcita aprendí rápidamente a dominar a los hombres y hacer que siempre estén a mis pies. El verano pasado mi fantasía se hizo realidad cuando fui a conocer le campo de mi nuevo novio.

Desde que nos conocimos Joaquín siempre me insistió en que quería hacerme conocer el campo, y como ya no podía seguir negándome accedí ir a pasar una semana con él. El campo de sus padres era muy grande y hermoso, y tenían varios empleados trabajando allí. Recién el tercer día de mi estancia fue que conocí a Tony, el hombre que se encargaba de administrar el campo cuando los padres de Joaquín estaban fuera, y eso era la mayor parte del tiempo.

Joaquín se había recostado porque no se sentía muy bien y como yo ya estaba demasiado aburrida para hacerle compañía, salí a dar un paseo. En el camino me crucé con Tony y en cuanto lo vi supe que era el momento de hacer mi fantasía realidad. Iba con la camisa entreabierta, con el pecho sudado de haber estado trabajando al sol, llevaba unos vaqueros holgados que dejaban ver más de la cuenta y masticando una pajita con la esquina de su boca me preguntó si me había perdido. Le dije que no, pero que estaba muy sedienta y me ofreció un vaso de agua.

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Me hizo entrar en algo que parecía un taller de trabajo, lleno de herramientas, pinzas y un yunque. La situación era ideal y muy excitante, mientras bebía el agua no le quitaba la mirada de encima a ese hombre bien macho que tenia frente a mi. El coño pedía a gritos que me follara y sin mediar palabras Tony se abalanzó sobre mis pechos y comenzó a lamerlos. Sus manos me recorrían el cuerpo entero, estaban ásperas y sucias y eso me excitaba; mientras apretaba su paquete contra mi pierna, como un animal en celo. En cuanto pude, le desabroché el pantalón para sentir su polla entre mis manos; la deseaba desde lo más profundo de mis entrañas.

Tenía la polla más grande que cualquiera de los hombres con los que había estado y la tenia tan dura como una roca. Cuando pudo deshacerse de mis bragas metió su nariz en mi coño y lo olió profundamente, como si hubiese pasado mucho tiempo después de la última mujer con la que estuvo. Empezó a lamerlo rápidamente y con lengüetazos largos y toscos que me hacían chorrear de placer. Estuvo poco tiempo con su boca en mi coño, pero me dio igual porque lo único que yo quería era que me follara y tener sexo en el campo.
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Me enterró la polla hasta el fondo de una sola envestida y me hizo gritar de placer, me follaba muy duro pero casi sin mirarme a la cara, como si solamente estuviera siguiendo un instinto animal… y eso me excitaba. Mientras tenia toda su polla dentro de mí, me apretaba las tetas muy fuerte, pero sin hacerme daño, hizo un gesto, acercó la polla a mi cara y se corrió en mi boca.

Contrariamente a lo que es habitual en mí, no me importó que no esperase a que yo también terminara, sino que me gustó y eso me hizo ir a buscarlo los cuatro días que me quedaban en el campo. Joaquín nunca se enterará de por qué cambié de opinión con respecto al campo, pero estoy segura de que se arrepentiría mucho de haberme insistido tanto en que fuera, ya que tuve mi mejor experiencia de follar en el campo.

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