Historia de un gigoló (Parte II)

La directora quedó muy complacida. El resto del evento lo pasó muy animada. Yo conocí mucha gente; entre ellas a una actriz porno que sería mi novia poco después.

La directora quedó muy complacida. El resto del evento lo pasó muy animada. Yo conocí mucha gente; entre ellas a una actriz porno que sería mi novia poco después.

 Volví a Madrid y a las pocas semanas me llamó esa actriz que les comenté. Me dijo que pasaría unos días en Madrid y que le vendría bien un poco de compañía. La primera noche salimos de marcha y la tía iba de diva por todos los clubes. Yo me aburría un poco; pero era buena propaganda ir con semejante hembra de club en club. Además, ella me presentaba como su amigo; así que me relacionaban con ella en todas partes.

Ya bien entrada la noche estaba yo hablando con un grupo de personas y ella se me acercó por detrás, me pellizco una nalga y me pidió que la acompañara al servicio. Yo supuse que quería empolvarse un poco la nariz y fui con ella. Al llegar al servicio me tomó la mano y me llevó al servicio de hombres. Entramos y frente a los lavabos me sacó la polla del pantalón y comenzó a comérsela en frente de todos los hombres que entraban y salían del servicio. Al principio me corté un poco; pero al ver la naturalidad con la que ella se comportaba y las sonrisas de complicidad de los demás hombres, me dejé hacer. Ver a aquella mujer chuparme con tanta ansiedad me excitó demasiado. La levanté y la monté sobre la repisa de los lavabos, le arranqué las bragas y la monté sobre mi clavando mi polla en su coño. Lo hicimos allí parados. Yo me miraba en el espejo y veía a los demás hombres que se detenían a ver la escena. Ella puso sus manos sobre la repisa y yo le embestí con fuerza. La tía gemía como que estuviéramos solos y me decia: “¡Fóllame más fuerte!”. Se corrió y quiso bajar de nuevo a comerme la polla. Yo le pedí que nos fuéramos. Ya habíamos dado suficiente espectáculo.

Durante esa semana nos volvimos el show porno en cada club. Follábamos en los servicios, en las salas VIP, ella me comía la polla por debajo de las mesas; cuando bailábamos casi era como estar follando.

A los pocos días ella tuvo que volver a Barcelona y seguimos hablándonos por teléfono por un tiempo.

 

 

Un día me invitaron a una fiesta privada en un chalet de lujo. Estando charlando amenamente con un grupito de chicas, se me acercó una mujer muy exuberante y me dijo: “yo te conozco”. Yo no me sorprendí; pero tampoco la recordaba. Me dijo:”he oído de ti y tus espectáculos en los clubes”. En seguida recordé mis andanzas con mi novia actriz y pensé: “son cosas del boca a boca”. Ella me apartó del grupo y estuvimos hablando un rato. La conversación tomó un tinte sexual y nos fuimos a una habitación.

Esa mujer era muy sensual. Esta vez tuve que entregarme al erotismo y disfrutar de ella con todos los sentidos. Su olor me seducía; era un olor intenso entre frutas ácidas y flores. Olerla me producía un arrebato de lujuria que a penas podía contener. Traté de calmarme; pero ella se acercó a mi mirándome a los ojos y apoyó su cabeza en mi pecho. El olor de su pelo me desbordó. Tomé su cara con mis dos manos y la besé en profundidad. La sentí derretirse en mis brazos. Levanté su cara y me acerqué a oler su cuello. La besé en esa fosa que está en la parte superior del esternón y ella soltó un leve gemido. La acosté en la cama y me dediqué a deshojar a esa flor y a acariciar cada uno de sus pétalos. Si que era una mujer hermosa. Poco después supe que era la esposa de un político de la localidad de Madrid.

 Como ahora era reconocido en muchas partes, las chicas se me acercaban solas. Una vez se me presentaron dos modelos muy guapas. Ambas eran morenas y a juzgar por sus cuerpos, supuse que no eran modelos de pasarela, sino de bikini. Me invitaron a su piso y yo acepté encantado. Entre copas y risas nos divertimos y supe que ellas eran bisexuales y que además eran pareja. Así que nos dispusimos a hacer un trío.

Una de ellas sacó una cámara de fotos y la otra se desnudó y empezó a juguetear conmigo mientras su compañera nos tomaba fotos. Me quitó la ropa a mi también; pero me dejó en calzoncillos. La que estaba conmigo tomó la cámara y la otra también se desvistió y se acostó en el sofá para que yo la tocara.

La chica me entregó la cámara y buscó un vibrador en un cajón. Se acostaron las dos en el sofá y se dedicaron a masturbarse con el vibrador, a meterse los dedos y a hacerse cunnilingus la una a la otra. Yo no aguanté más y quise entrar. Me senté entre ellas en el sofá y las dos se turnaron para comerse mi polla. Luego me acosté y una de ellas se puso en mi cara para que yo le comiera el coño. La otra se sentó en mi polla y empezó a cabalgarme. La que estaba en mi cara se corrió y la otra me puso el culo para que la follara por detrás. Enterré mi polla en ese culo que estaba delicioso y ella se masturbó el clítoris. La chica se corrió y poco después me corrí yo en su culo.

Mi hice muy amigo de esas chicas. Con ellas hice un viaje a Ibiza y Marbella. Al llegar a la costa del sol mi vida cambió. Se los contaré en una tercera parte.

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