Historia de un gigoló (Parte III)

Mis amigas modelos mantenían una página web; en la cual aparecieron las fotos que se tomaron conmigo. Eso hizo que mi imagen viajara más allá de las fronteras.

Empecé a viajar con mis chicas modelos a varios festivales de verano en Ibiza, Marbella, Benidorm y otros sitios turísticos de veraneo de alto standing. Ellas se movían en ese mundo del streaptease, el modelaje, la vida nocturna y la prostitución de alto standing.

Estando en Marbella llegamos a un chalet en Puerto Banús y conocí a una mujer que llevaba una agencia de “escorts masculinos”; es decir, gigolós profesionales que atendían a los turistas extranjeros que venían a veranear todos los años a la costa del sol.

Ella quedó encantada conmigo desde que me vio. Yo le dije que igual me dedicaba a vivir de las mujeres; pero no de manera profesional. A ella le hizo mucha gracia mi comentario y me dijo que no sabía cuanto dinero había perdido.

Hablé mucho con ella durante mi estancia en Marbella; me llevó a varios sitios y me presentó a muchos de sus clientes. Una noche me comentó que varias clientas le habían preguntado por mis servicios y ella les dijo que mi precio estaba aún por determinarse.

Le dije que aceptaría una clienta, si me dejaba escogerla. Ella aceptó y me mostró las que habían preguntado por mi. Algunas eran bastante maduras, otras querían estar con sus esposos en un trío. Yo escogí a una turista alemana que no estaba nada mal.

 La mujer me alquiló la semana entera; al parecer era bastante adinerada. Nos fuimos a su piso también en Pto. Banús. Me instalé y salimos a tomar algo por el puerto marítimo. Se notaba que la mujer no buscaba sexo, sino más bien compañía.

Ella se tomó unos martinis y yo unos gin-tonic. En un momento en que la mujer se había tomado ya algunas copas, empezó a hablarme de ella; me contó que era viuda desde hace 5 años y que ahora disfrutaba de la fortuna que le había dejado su marido. Me extrañó que quisiera hablarme de esas cosas; pero como ella estaba pagando por mi tiempo; pues me dispuse a oírle. En un momento de la conversación me dijo que no había estado con ningún hombre después de muerto su esposo. Eso era algo que a mi no me importaba; pero me sorprendió tal confesión. Ya por la noche le pregunté si quería ir a los bares y me dijo que no; que ya había tomado bastante y que le gustaría irse a casa; que si yo quería podía quedarme. Le dije que la acompañaría a casa.

Me pasé la semana con esa mujer entre idas a la playa, a los bares y de compras. En ningún momento me pidió sexo. Me decía que se sentía muy bien así.

Al final de la semana le habló muy bien de mi a “mi jefa” y esta quedó complacida.

 Mi jefa era una mujer muy guapa, con carácter; muy bien conservada a su edad. Sabía muy bien llevar el negocio y todos sus chicos le respetaban. Mi cercanía con ella hizo que los demás compañeros me respetaran.

Tuve varias clientes durante un par de años; algunas contactaban directamente conmigo. Mi jefa me dijo un día que ella quería retirarse y que si quería encargarme del negocio. Yo le dije que me encantaría; pero que necesitaba tenerla cerca hasta que dominara bien el negocio. Ella lo hizo así; estuvo conmigo para mantener los clientes y ahora yo me encargo de todo, mientras ella solo se ocupa de cobrar su parte.

Ahora vivo muy cómodamente en un chalet aquí en la costa del sol. El negocio va bastante bien. Mujeres nunca me faltan y dinero me sobra.

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *