Iniciando a mi prima en el sexo lésbico

Aunque no lo crean inicié a mi prima en el sexo a los 18 años. No había estado nunca con ningún chico, y ahora no sé si llegue a hacerlo, después de haber estado conmigo que soy su prima.

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Aunque no lo crean inicié a mi prima en el sexo a los 18 años. No había estado nunca con ningún chico, y ahora no sé si llegue a hacerlo, después de haber estado conmigo que soy su prima.

Mi prima había tenido una educación muy estricta. Sus padres eran muy conservadores y a ella la reprimían mucho. Incluso la habían recluido en un internado de monjas. Ahora que está mayorcita sigue siendo muy tontita; pero yo me dispuse a acabar con esa personalidad que no le venía nada bien a mi linda primita.

 

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Un día la convencí de venir a pasarse un fin de semana conmigo a mi casa. Mis padres se irían de viaje y yo iba a quedarme sola; así que le propuse acompañarme.

Ella llegó muy emocionada; era la primera vez que sus padres la dejaban quedarse fuera de casa. Parece increíble que esas cosas pasen en estos tiempos. Después que se fueron mis padres le dije que lo pasaríamos en grande. Nos metimos en la cocina y nos pusimos a cocinar. Ensuciamos toda la cocina; pero nos divertimos mucho y preparamos una comida muy rica.

Después de comer la llevé a mi cuarto y nos pusimos a hablar y a ver revistas de farándula. En ese momento vimos unas modelos en lencería sexy y le pregunté si había usado algo así alguna vez. Se ruborizó y se quedó callada. Yo le dije que iba a darle una sorpresa. Abrí mi cajón de ropa íntima y saqué varios conjuntos de lencería que yo tenía; camisones de seda, tangas y sujetadores de encajes, corsés con ligueros y poco más que uso para lucirle a mis parejas. A ella le brillaron los ojos y se asombró de que yo tuviera todo eso. Yo le propuse que se los probara.

Ella se avergonzó y yo le dije que no se preocupara, que solo iba a verla yo y que no se lo diría a nadie. Así se decidió.

chicas lesbianasPrimero comenzamos con un camisón de seda color melón. Ella al verse en el espejo quedó alucinada. No menos alucinada quedé yo al ver lo sexy que era mi primita y lo escondido que lo tenía. No más verla me provocó acariciarla con ese camisón puesto y sentir el suave tacto de su figura cubierta por esa fina tela.

Luego pasamos a un corsé. Este costó un poquito ponérselo; pero le quedó muy bien. Le ayude a cerrarlo y a ponerse las medias y los ligueros. Ella estaba muy emocionada. Ya estaba vez su imagen la sobrecogió. Le pareció demasiado atrevido.

Pasamos a un conjunto de tanga con un sujetador de encajes de color rojo. Este si le gustó. Yo me acerqué a ella y le arreglé el pelo de manera que pareciera más atrevida y ella posó ante el espejo. Mientras ella miraba su imagen al espejo, yo le miraba ese culito tan lindo que tiene y me veía acariciándole las piernas y el resto del cuerpo.

Me acerqué a ella y le di un beso. Ella se quedó sorprendida y yo le dije que se quedara tranquila que solo era cariño de prima y que iba a mostrarle que tanto cariño le tenía.

 chicas teniendo sexo lesbicoLa acosté en mi cama y comencé a acariciar con mis manos su barriga. A ella le hizo cosquillas y se rió. Luego le pedí que se acostara boca abajo y le acaricié la espalda; eso la hizo relajarse. Bajé mis manos para acariciar la zona lumbar de su espalda y pronto bajé a acariciarle las nalgas. Ella serpenteó ligeramente y supe que lo estaba disfrutando. Recorrí los muslos de sus piernas con el dorso de mi mano y apreté sus pantorrillas con mis dedos. Ella estaba muy quieta. En ese momento bajé a acariciarla con mi rostro y dejé que mi pelo recorriera su espalda.

La voltee boca arriba y le quité el sujetador. Me comí sus tetas y ella soltó un gemido. Eso me excitó y bajé a hacerle el cunnilingus. Aparté el tanga con mis dedos y pasé mi lengua por su chochito que estaba ya muy húmedo. Cuando me sintió cerca se arqueó ligeramente. En ese momento me dispuse a comerle el coño a conciencia. Le quité la braga y me lancé de lleno. Le abrí la vagina con mis dedos y le lamí el interior de sus labios. Ella temblaba. Introduje un dedo suavemente y se estremeció. Me imaginé que aún era virgen y no quise forzarla. Seguí lamiéndole el clítoris y ella se corrió.

Ella se quedó tumbada en la cama sin entender nada de lo que le había hecho. Yo me acosté a su lado y pasé un rato respondiendo a sus preguntas.

Ya teníamos como tarea para el otro día que ella perdiera su virginidad en mis manos.

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