Medicos y Enfermeras Follando

Lo he comprobado, los médicos y las enfermeras follan tanto como se dice.

sexo en el hospital

medicos y enfermeras follandoEl gremio de la medicina siempre tuvo fama de ser muy “fiestero” pero yo he tenido la oportunidad de comprobarlo desde el primer día de prácticas en el hospital central.

La primera guardia que me tocó cubrir fue la mejor de todas, porque fue donde descubrí lo abiertos y lo enrollados que son los médicos con los que me tocaría trabajar los próximos dos años. Mi médico residente es un hombre más mayor que yo pero muy atractivo; y por lo que había escuchado de algunas enfermeras, por él había pasado todo el personal femenino del hospital. También se corría el rumor de que el residente portaba una polla descomunal, y sería cierto, porque había muchas mujeres que podían dar fe.

El residente se preocupaba mucho por todos sus practicantes pero especialmente por mí que era la única mujer del grupo; por lo que no me resultó extraño que la primer guardia nocturna que me tocaba hacer estuviera supervisada por él mismo. Cuando lo supe me sentí un poco incómoda, porque sabia que estando con él no podría quitar la vista de su paquete con esos pantaloncitos que no cubren nada.

Esa noche estuvo demasiado tranquila, cuando estaba completando una historia clínica, una de las enfermeras de la noche me llamó para que le ayudara en la sala de monitoreos. Realmente me sorprendí cuando entré en la consulta y vi a mi residente sentado en una silla, con la polla en la mano, frotándosela fuera del uniforme. Tan solo de verlo sentí que mi coño escurría, y sin poder dominar mis impulsos me arrojé sobre su enorme polla, la metí entera en mi boca y comencé a succionarla muy fuerte.

un trio entre medicos

La enfermera cerró la puerta con llave y se dispuso a quitarme la ropa mientras yo seguía tragándome la polla de mi jefe. Estaba tan dura y fibrosa que no podía pensar en otra cosa que chuparla con fuerza y rodearla por completo con mi boca. Yo estaba muy excitada de solo tener su polla entre mis manos y no quería otra cosa más que me enterrara su pedazo de carne en mi coño mojado. Me senté sobre él en la silla y comencé a cabalgarlo fuertemente, sintiendo como mis nalgas golpeaban contra su cuerpo.

Mientras me follaba muy profundamente con su enorme polla, con una mano masturbaba a la enfermera, que estaba de pie junto a nosotros, y le mordía los pezones. Le metía los dedos en el coño haciéndola gemir de placer y eso me excitaba aun más. Para evitar que me corriera allí mismo, el residente me subió a la camilla y mientras la enfermera me lamía el coño, él la penetraba por detrás. Pude ver que le costó trabajo entrar en su culo tan apretado, y cuando por fin lo consiguió, de una sola embestida fue hasta el fondo, acompañado de los gemidos de dolor y placer de la enfermera.

la polla del doctorLa situación estaba muy cargada de morbo y no pude evitar correrme en la boca de la enfermera, pero no quería irme sin probar la leche del residente, así es que cuando vi que estaba a punto de largarla toda, la enfermera y yo alternadamente le mamamos la polla para sacarle la última gota. El residente s corrió sobre nuestras bocas y tetas, y para sellar el secreto encuentro, la enfermera y yo nos dimos un beso muy profundo compartiendo toda la leche que habíamos recibido.

Tengo que decir que la fama del residente no era en vano; pero esta fue la primera de varias historias de sexo durante mi primer año de prácticas en el hospital. En otra oportunidad les contaré como son el resto de mis compañeros.

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