Mi mejor Corrida

Había salido a correr por el parque como todas las mañanas, pero ese día me sentía particularmente caliente.

mi mejor corrida

No podía darme cuenta que es lo que me excitaba tanto, tal vez fuera el hecho de sentirme transpirada y sucia. Para mi suerte, el circuito que hago todas las mañanas estaba concurrido, sobre todo de jovencitas y mujeres de culos y tetas firmes; eso si que me ponía.
Mientras corría y tenía una serie de pensamientos turbios, pude ver que delante mío una de las chicas, que también estaba corriendo, se dobló un tobillo y cayó al suelo. Qué gran oportunidad que no podía dejar escapar. Aceleré el paso y que llegué hasta donde estaba sentada Mirna, sujetándose la pierna con dolor. “Estas bien?” le pregunté. Ella sólo negó con al cabeza. “Me llamo Delilah” y le extendí la mano para que pudiera levantarse. Estaba buenísima, llevaba unas mallas de deporte y un top que dejaba ver su vientre con todos los abdominales marcados. Mientras subía la vista pude ver que tenía unos pechos hermosos, apretados en la humedad del top (que por cierto era blanco, y eso me calentaba mucho). Noté, mientras le ayudaba, que ella también me miraba insinuante, y la sujeté de la cintura para ayudarle a caminar llevándola al césped, lejos del resto de los corredores.
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Nos sentamos en el suelo y me dispuse a examinarle mejor la pierna. “te duele aquí?” le pregunté mientras le tocaba la pierna. Me respondió que no e intenté buscar de dónde provenía su dolor. Con mis manos iba subiendo por su pierna hasta que Mirna me sorprendió llevándolas hasta su coño. Con la mirada pícara se acercó a mi cara y me besó. Fue un beso muy húmedo e intenso; y mientras nos besábamos Mirna acariciaba mis pechos.
Yo estaba totalmente entregada a sus caricias que habían bajado hasta mi coñito mojado. Ella era muy dulce, y con delicadeza me recostó sobre el pasto me quitó el pantalón de gimnasia y comenzó a lamerme el chocho.
Era increíble lo bien que se sentía y lo caliente que me ponía saber que aunque nadie nos veía esta chica estaba totalmente dispuesta a tener sexo conmigo en un lugar tan público. Como yo quería devolverle el placer que me estaba dando, la tome de la cintura le quité las mallas; y mientras ella seguía en mi coño, yo comencé a besar el de ella. mi mejor corridaSentirla retorcerse de placer me hacia calentarme aun más y a los pocos segundos de que me penetró con sus dedos me corrí sin poder contenerme. Mis espasmódicas contracciones hicieron mella en ella también, porque sin más se acabo en mi boca regalándome su néctar tan preciado.
Nos vestimos rápidamente y sin más palabras se fue andando. La verdad es que nunca supe, ni sabré, si la caída y el dolor en la pierna eran reales; o si Mirna fue “victima” o victimaria.

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