Pareja de mujeres lesbianas

Yo estuve casada una vez con un hombre y tengo una hija de ese matrimonio; ahora vivo con mi pareja lesbica y, fuera de los convencionalismos sociales, considero que tengo una bonita familia.

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Mi primer matrimonio fue un desastre. Al principio creí que era que él y yo no nos entendíamos y que teníamos los problemas típicos de una pareja; pero poco a poco me di cuenta de que había algo en mi que no cuadraba con eso de la típica pareja aceptada por la sociedad.

 fotos de mujeres lesbianasYo conocí a mi actual compañera cuando estaba en proceso de divorcio y con mi hija de poco más de un año. Ella me apoyó mucho y me acompañó en todo el proceso. Ella se presentó como una buena amiga que quería ayudarme. Ya después, poco a poco, me fue abriendo los ojos ante lo que es ahora mi realidad: soy lesbiana.

Era claro que la compañía que ella me daba era especial; el solo tenerla cerca me daba fuerzas para superar todo el duro momento que estaba viviendo y sus atenciones hacia mi y mi hija eran casi paternales. Quiero resaltar esto de “paternal” porque en realidad la sensación que me producía su cobijo no era la típica de una amiga; sino de algo más fuerte; la de alguien que está ahí para refugiarte y despertar en ti esa niña que no puedes mostrarle a nadie más.

Ya una vez superada mi crisis, seguimos viéndonos con frecuencia y yo le comenté lo que me pasaba con ella. Mi compañera me dijo que podía pasar horas tratando de explicarme lo que pasaba; pero que todo podía resumirse de una manera muy sencilla. Cuando le pregunté de qué manera podría resumirlo, se acercó a mi y me besó. Ella definitivamente era muy sabia; porque nada más sentir sus labios tocando los míos se abrió un mundo ante mi, me vinieron de golpe una cantidad de emociones, sensaciones y recuerdos que me golpearon tan fuerte que no pude evitar llorar en ese momento.

 

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La primera vez que hicimos el amor no la olvidaré jamás; fue mucho más especial que la vez que perdí la virginidad. Ella me trató como a una niña y yo me sentía abrumada por su cercanía que me despertaba emociones muy fuertes; entre pasión y dulzura.

El tacto de sus manos despertaba terremotos en todo mi cuerpo, su cercanía irradiaba un calor que me abrigaba; ante ella me sentía como una niña indefensa. No podía evitar perderme en sus besos y dejarme llevar por la pasión.

Durante los preludios en la cama nos besamos mucho y ella me acarició todo el cuerpo con sus manos y su boca. Se acercó a mi en un abrazo tierno y frotó su cuerpo con el mio mientras besaba muy cuello. Luego introdujo dos dedos en mi vagina y al sentir lo húmeda y caliente que estaba comenzó a moverlos como las puntas de unas tijeras que abren y cierran. Eso me hizo temblar todo el cuerpo.

Luego bajó a hacerme un cunnilingus que me hizo estallar de placer casi en seguida. Ella siguió penetrándome con sus dedos y volví a estallar. Tuve que pedirle que parara porque no podía ni moverme.

Nos quedamos abrazadas en la cama y nos dormimos. Ya después aprendería yo a complacerla a ella.

Ahora vivimos juntas y entre las dos criamos a mi hija. Mi niña aceptará a sus dos madres y le daremos mucho amor. Le enseñaremos a ser tolerante y a aceptar que no siempre lo que dicta la sociedad es lo correcto.

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