Sexo en el Centro de Estética

Conseguir este trabajo es lo mejor que me pasó en la vida, porque así puedo tocar y acariciar a todas las mujeres que se crucen en mi camino sin sentir culpa ninguna.

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relato erotico lesbianasSoy depiladora y hace algún tiempo que trabajo en un centro de estética muy grande que tiene la clientela más glamorosa de Madrid. Sé que muchos hombres me envidian, pero lo siento… este es un trabajo que sólo las mujeres podemos hacer.

Antes de trabajar en este spa, trabajaba con mujeres que requerían de mis servicios e iban a mi domicilio. Tenía unas pocas clientas, algunas hetero pero más que nada lesbianas, que venían a mí por algún tratamiento y no se iban sin el especial “masaje de clítoris” por el que soy famosa.

No puedo quejarme, con mis clientas particulares (de las cuales la mayoría conservo) me lo pasaba fenomenal, pero eran muy pocas en cantidad; en cambio ahora en el centro de estética tengo un abanico de clientas que nunca hubiera imaginado. Claro que tengo que portarme bien con todas, pero con la excusa de depilarlas o darles un masaje, puedo tocarlas como me venga en gana; quién va a dudar de la esteticien?

Hace un tiempo tuve que atender a una clienta nueva; ella era jovencita, de unos 25 años, muy bonita y con un cuerpazo atlético. Cuando la vi entrar en la sala estaba deseando que viniera a depilarse para poder ver y tocar ese cuerpo escultural. Al entrar habló con la recepcionista y con una sonrisa se dirigió hacia mi, mientras yo intentaba disimular mi alegría. Le pedí que se quitara la ropa y se recostara en la camilla, mientras lo hacia, me quedé a ver como se desvestía tan sensualmente. Lo hacia con mucha delicadeza y muy lentamente, como si supiera que yo estaba disfrutando con cada prenda que se quitaba.

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Finalmente se quedó en bragas y sujetador y yo haciendo un gran esfuerzo por mirarla a la cara le pregunté que es lo que quería hacerse. Era evidente que ni las piernas ni las axilas se las iba a depilar porque estaban perfectas, entonces se quitó las braguitas y me dijo “quiero hacerme la brasileña” señalando su coño. Yo estaba de buena racha, sin esperar me dispuse a trabajar sobre ella. Abrió sus piernas y el perfume de su coño me hipnotizó, olía a jabón, a flores, a mujer.

Intenté hablarle de cualquier cosa, como hago con todas las clientas viejas y gordas para pasar el rato, pero esta hembra me ponía tan nerviosa que tenía miedo que lo notara en mi voz. Mientras esparcía la cera tibia sobre los labios de su coño podía ver que su clítoris reaccionaba al calor poniéndose duro y en punta. Estaba rojo y grueso como una fresita, yo lo rozaba con el dorso de la mano para poder sentirlo, y me excitaba ver que no había ninguna reacción negativa por parte de ella.
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Cuando terminé con la cera, su coño había quedado perfecto y aun podía ver que estaba excitada. Si poder contenerme, me acerqué lentamente y cuando toque su vulva con mi lengua pude sentir que se estremecía de placer y un muy leve gemido salió de su boca. Ya tenía su clítoris entre mis labios y lo saboreaba mientras se erguía aceptando el placer que le regalaba. Mi clienta estaba totalmente entregada al juego de mi lengua en su coño.

Continué lamiendo y besando su coño mientras la penetraba con mis dedos. Absorbida en mi actividad, me di cuenta que también me estaba masturbando por dentro de mis pantalones con la mano que me quedaba libre. La situación me excitaba tanto que me corrí, al momento que ella arqueaba su espalda y al ritmo de intensas contracciones, se corría también en mi boca.

Cuando terminamos, ella vistió, dejó el dinero sobre la camilla y se fue sin decirme una sola palabra. Pero me sorprendió gratamente cuando entre los billetes encontré su tarjeta con su número de móvil y una leyenda que ponía “llámame pronto”. Seguramente la llamaré en estos días y podré contarla dentro de mis “clientas habituales”.

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