Sexo en la Oficina

No he podido negarme a tener sexo en el trabajo.

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Desde que comencé a trabajar en esta empresa noté que las mujeres allí eran todas hermosas, pero me hacían sentir que yo no estaba a la altura de poder acostarme con ninguna de ellas. Hasta que hace unos días entró una compañera nueva.

Verónica no era como las demás, si era muy hermosa y tenía muy buen cuerpo; pero su actitud hacia mi era diferente. Se mostraba muy atenta y complaciente, siempre dispuesta y abierta a aprender cosas nuevas. Yo estaba encargado, en cierta forma, de entrenarla y de capacitarla para que pudiera cumplir sus labores en la empresa; así fue como comenzamos a cruzar miradas cómplices en la oficina. Noté que muchas veces se acercaba a mi escritorio con dudas tontas, como excusas para intercambiar algunas palabras; se arrimaba mucho a mí y me tocaba de manera muy casual pero insinuante, siempre que tenía la ocasión.

A los tres o cuatro días que empezó a trabajar llegó hasta mi escritorio con una pregunta, parada junto a mi silla se acercó a la pantalla de mi ordenador para enseñarme algo y pude ver que me estaba enseñando más de lo que yo pensaba. Se había desabrochado un botón de la camisa y podía ver sus pechos mientras rozaban mi hombro. Con la boca entreabierta intenté prestar atención a lo que me estaba diciendo pero ya era tarde; con una sonrisa triunfante se incorporó y volvió a su sitio. Desde ese momento ella tenía muy claro que me tenía enganchado.

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Ese mismo día, a la hora en que casi todos los demás empleados se estaban retirando, entró a mi despacho con una excusa tonta, pero yo le seguí el juego, estaba muy intrigado, sabia que de eso no iba a salir nada inocente; a la vez estaba muy curioso por ver hasta donde era capaz de llegar esta nueva chica de la oficina.
Después de cerrar la puerta con llave se sentó sobre mi escritorio de una forma muy sensual, llevaba una falda bastante corta que dejaba vislumbrar sus braguitas. Desde que entró yo había adivinado su intención, pero me gustaba hacerle creer que no me daba cuenta de sus insinuaciones, me justaba jugar con ella.

Siguió hablando un rato de tonterías, esperando que yo tomara algún tipo de iniciativa, tenía una actitud de no entender cómo es que ella estaba sentada sobre mi escritorio enseñándole sus bragas y yo como si nada, respondiendo a sus preguntas. Se movió de sitio para acaparar mi atención, con el culo en el escritorio puso sus pies en cada uno de los apoyabrazos de mi silla y con una mano hizo a un lado su braguita dejando en descubierto su coño para que yo pudiera verlo en primer plano.

 
sexo en el trabajoAunque tenía intenciones de jugar un rato más y hacerme el “duro”, no puede resistirme y la recosté sobre mi escritorio para poder comerle el coño. Subí su falda hasta la cintura y comencé a lamer su chochito húmedo mientras separaba los labios con mis dedos. La escuchaba gemir y eso me calentaba aun más, di la vuelta a la mesa para llevarle mi polla hasta su boca mientras continuaba masturbándola con mis dedos. La perra la chupaba como una profesional, y tenerla en mi oficina comiéndome la polla, me excitaba mucho. Desde donde estaba pude quitarle la camisa y apretar esos pechos que tanto deseaba mientras ella seguía tragándose mi polla. Quería correrme en su boca, en sus tetas sin más; y cuando empezaba a contenerme alguien golpeo a la puerta, y en un subidón de adrenalina me corrí en su cara.

La verdad es que no se fue muy contenta, sobre todo porque el que estaba en la puerta de mi oficina era el jefe, y como hemos tardado bastante en abrir, supongo que se habrá imaginado lo que pasaba. Seguramente a ella no le importen los rumores de sexo en la oficina, pero ya lo comprobaremos esta tarde cuando la llame a mi oficina nuevamente para rever los “asuntos pendientes”.

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