Una amiga lesbiana me ayudó a saber que era gay

Es curioso darse cuenta de cómo los tópicos gay se cumplen y de cómo terminas identificándote con algunos hasta que por fin tienes la respuesta.

Siempre fui un chico tímido, retraído; muchas cosas me daban vergüenza. Como hablar de experiencias con mujeres; por ejemplo. Al principio creí que mi molestia se debía a que no tenía nada que contar; ya que tuve mi primera experiencia con chicas relativamente tarde; a los 20 años. En ese tiempo no sabía por qué era tan incómodo para mi hablar de chicas con otros chicos. Cuando ellos parecían pasarla tan bien.

Las mujeres siempre me veían como un amigo. No era capaz de despertar en ellas pasión o, por lo menos, atracción. Yo creí que era porque no era guapo; pero lo cierto es que lo soy. Siempre lo fui. Pero había algo en mi interior que opacaba mi exterior.

La pasión por los deportes tampoco era lo mío. Prefería escuchar música o escribir.

Una vez conocí a una chica. Con ella me sentía muy cómodo. Hablábamos mucho y nos divertíamos. Ella era lesbiana y lo había aceptado con mucha naturalidad.

Un buen día mi amiga lesbiana me dijo que ella creía que yo era gay. No sé como pudo darse cuenta; pero me dijo que quería averiguarlo y que me ayudaría a aceptarlo, si descubría que en efecto lo era. Me dijo que a ella no le gustaban los hombres; pero que había algo tan femenino en mi, que le había parecido encantador y muy atractivo.

Hicimos un trato: ella aceptaría estar conmigo; solo para ver si reaccionaba ante una mujer. Pero que ella me trataría como a una chica.

Al principio rechacé su propuesta. Me puse muy nervioso. Tenía miedo a lo que pasaría. Temía encontrarme conmigo mismo. Ella insistió. Me convenció de que debía aceptarme fuera como fuera. Y que debía saber la verdad sobre mi mismo y no evadirme.

El día que acepté su oferta se puso muy contenta. Supongo que le entusiasmaba romper mi paradigma heterosexual.

Quedamos en su casa por la noche. Ella arregló todo el ambiente con velas y buena música. Yo me sentía alagado. Era como que mi amiga me estaba seduciendo y yo era su chica.

Nos sentamos en su sofá y, como buena seductora, me ofreció a beber vino. “El vino sube rápido a la cabeza” -dijo ella- Y pronto sentí su efecto desinhibidor.

Mi amiga era hermosa. Muy femenina. Toda una pérdida para los hombres. Pero se comportaba como el mejor Don Juan.

Cuando me sintió relajado; se acercó a mi y me besó. Fue un buen beso. Pero no consiguió el efecto que esperaba. Lo cierto es que otro hombre habría querido devorar a mi amiga al recibir tan delicioso beso; pero yo solo sentí una dulce caricia.

Ella estaba decidida a conquistarme. Se recostó de uno de los extremos del sofá, tomó mi mano y la puso en su barriga. Me pidió que la acariciara y lo hice. “Acaricias con ternura y tienes manos suaves” –me dijo-. Pero yo no pasaba de estar tan solo un poco más nervioso.

Me dispuse a hacer un intento de tener iniciativa y le quité la camiseta. Tenía unos pechos hermosos. No fui tan osado como para besárselos; pero ella me quito a mi la camisa. Luego se quitó el sujetador y se colocó encima de mi. Ella rozaba su pecho con el mío en un juego común entre las lesbianas y, aunque ella ya se calentaba mucho más, yo no lograba conseguir una erección. Ella palpó ese hecho y me miró sonriente. Su mirada me decía: “¿ves, como lo sabía?”.

Yo sabía que ella estaba excitada; pero no sabía que hacer. Y, siendo sinceros, tampoco quería hacer nada más. Ella abrió la cremallera de su pantalón. Metió su mano por debajo de este y se masturbó en frente mío. Definitivamente; si no reaccionaba con ese espectáculo, tenía que aceptar mi homosexualidad.

Ella terminó lo que estaba haciendo y se regocijó tumbada sobre mi. Me dijo: “Me siento muy cómoda contigo. Pero claro; es que eres otra chica” y se rió muy a gusto.

Mi amiga aún tenía otra carta bajo la manga. Sacó una película porno y me incitó a mirarla. Cual sería mi sorpresa al ver en la primera escena a dos chicos besándose. Más me sorprendió aún al sentir que mi cuerpo reaccionaba como no lo había hecho ante mi hermosa amiga.

Disfruté mucho la película, hablé con mi amiga sobre lo que ahora sabía y, desde esa noche, me decidí a buscar gente como yo: gays, y con muchas ganas de disfrutar el sexo.

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