Varios chicos en mi casa

Le ofrecí a un chico regalarle algo que le interesaba para hacerlo venir a mi casa. La cosa se puso interesante cuando él fue a visitarme acompañado por dos amigos más.

Cuando llamaron a mi puerta, me emocioné al verlo. Me presentó a sus amigos y los invité a pasar y sentarse en mi salón.

Ellos estaban muy animados; se veía que eran muy buenos amigos; pero también eran muy niñatos. Yo los invité a tomarse algo y se animaron. Les serví unos cubatas y hablamos de cualquier cosa. Yo introduje el tema del sexo y les ofrecí conseguirles unas amigas para que se las follaran. El chico que yo había invitado sabía que yo era gay, y la verdad es que es algo que yo no oculto. Pero no sabía si los había traído aquí algo más que el ofrecimiento que yo le había hecho.

Quise averiguar hasta donde iban a llegar y les ofrecí unas revistas pornográficas. Entregué una a cada uno y todos empezaron a bromear sobre las fotos y a intercambiarse las revistas.

Yo me acerqué a uno que estaba un poco serio. Le pregunté si estaba bien y si quería que le sirviera otro trago. Aceptó y cuando regresé de servirle, me quedé sentado cerca de él. Al ver una foto de una chica haciendo una mamada le pregunté que si le gustaba que le hicieran eso. Él me respondió secamente: “si es una chica, si”. Su respuesta me cortó el rollo y preferí seguir charlando con los otros chicos.

Yo estaba muy entusiasmado. Ellos ya estaban bajo el efecto del alcohol. Yo puse una película porno en la tele y nos sentamos todos en el sofá. Yo me senté en el medio y los demás donde pillaron.

Hubo un momento en que vi las pollas de todos erectas bajo sus pantalones y me puse cachondo. Llegué y toqué al que tenía a mi derecha y bromee sobre su estado. El chico me vio con dureza y se tapó su entrepierna. En otro momento me levanté del sofá y me senté en las piernas de otro (ya estaba yo casi desesperado por pillar algo). El chico me empujó y les dijo a sus colegas: “¿a este que le pasa? ¡Como que es maricón!”.

Los demás chicos se pusieron todos nerviosos y yo me asusté. Ellos eran más que yo y podían darme una paliza. Los tranquilicé; pero uno de ellos dijo que quería irse. Los demás estuvieron de acuerdo y yo les dejé ir.

Mi osadía ha podido salirme muy cara con tantos chicos y yo solo.

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