Visita al Proctólogo

Nunca crei que la visita al médico podia ser adictiva.

Me daba bastante vergüenza comentarle mi problema a mi novia, porque aunque vivíamos hace tiempo juntos, nunca le había contado de mi dolencia. Tanto es así, que esperé a que ella se fuera para llamar al médico. El coloproctólogo al que iba antes al parecer se había mudado, y la nueva dirección era muy lejos. En cierta forma estaba aliviado, porque era una médica (muy guapa por cierto) y me daba cierta incomodidad que me anduviera por esas zonas. Después de buscar un buen rato vi que había un médico, hombre por suerte, que tenía su consulta relativamente cerca. Llamé y pedí cita urgente. Me dio hora para ese mismo día, así que le inventé una excusa tonta a mi chica y me fui a que me quitaran la terrible molestia.
Después de casi media hora en la consulta, tuve tiempo de ver que muchos hombres estaban en la misma situación que yo “que desesperación”, pensé. Ya, al cabo de una hora esperando, fastidiado y aburrido pude percatarme que los pacientes salían del consultorio muy aliviados y distendidos “que suerte que di con un buen proctólogo” especulé.
Por fin había llegado mi turno, con un poco de retraimiento comencé a contarle a mi doctor a cerca de mis síntomas, y enseguida entré en confianza. Era un hombre de unos cuarenta y tantos años, grandote de contextura y parecía muy informado de los efectos de mi padecimiento, lo que me hizo relajar. Cuando llegó la hora del examen físico me volvieron los nervios al cuerpo. Me pidió que me quitara los pantalones y la ropa interior y me recostara boca abajo en la camilla. Mientras oía como se ponía los guantes de látex, un escalofrío me recorría la espalda y finalmente sentí sus dedos en mi ano. Era una sensación muy extraña e incómoda pero no dolorosa.visita al proctologo Mientras tenía sus dedos hurgándome en el culo, el médico hizo una maniobra y a los pocos segundos me di cuenta que me había corrido sobre la camilla. No sabía como explicárselo, me dio mucho placer pero al mismo tiempo me sentí muy avergonzado. No hizo falta que se lo dijera, él se dio cuenta que había un charco de leche sobre su camilla de trabajo, pero en lugar de reírse de mi, parecía que eso le resultó interesante. “En ese caso, vamos a hacer una prueba con un aparato especial que tengo para estos casos” me dijo mientras me mantenía tumbado en la camilla. Yo no podía ver que es lo que preparaba, sólo oían los guantes de látex otra vez y la presencia intimidante de mi médico por detrás mío. Lo próximo que sentí fue me ponía un gel frío y luego algo tibio en el ano. No experimenté dolor hasta que sentí que lo que se introducía en mi culo era algo bastante grueso, fue entonces que voltee y para mi sorpresa vi que era la polla mi doctor que se estaba enterrando cada vez más y más en mi virgen ano. No se cómo explicar que no tuve sentimientos de rechazo, por el contrario, el placer que estaba recibiendo no lo había sentido jamás en mi vida, tanto que podía apreciar como mi miembro se iba poniendo tieso.almohadon Con mi culo súper estimulado no tarde mucho en correrme nuevamente sobre la camilla y el médico hizo lo propio también.
Ahora puedo entender los rostros de los pacientes que salían de la consulta, porque yo mismo viví la experiencia en mi propia carne. Me he llevado un bonito almohadón como souvenir, y la verdad es que no se si habré curado mis hemorroides, pero hago visitas regulares a este consultorio a escondidas de mi novia.

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